Se llamaba Letizia. Era pálida y perfecta. Cabellos largos y sedosos. Fina piel de porcelana y labios rojos cual carmín. La más hermosa jamas vista, más hermosa que todas las muchachas de Venecia. Su único defecto,... era de madera. Fue creada por Stefano Staglia una fía noche de invierno, en la que las estrellas, inspiraron al joven marionetero. Fue su mejor creación y a la vez su perdición. Pues tan hermosa y tan perfecta, tan real y tan femenina, que de ella se enamoro. Era tan hermosa... La cuidaba día a día. La amo tanto que loco se volvió. Llego a creer que ella estaba viva y que solo dormía. Pasaba las noches en vela con la dulce muñeca acostada a su lado.
Tantas noches lloro a su lado, tantas noches suspiro por su amor. Sufrió mucho por ella y tanto ella por él sufrió. Ella aunque de madera alma también tenía insuflada por las estrellas aquella noche fría. Rogó por despertar y poder estar con su amado. Tantas noches rogaron, tantas noches pidieron, que una curiosa transformación sufrieron. No era lo esperado, ni quizá lo adecuado, pero de madera ambos acabaron. Fueron los eternos amantes. Ambos de madera, ambos perfectos y hermosos. Pasaron por todos lo escenarios del mundo, famoso y perfectos fueron, pero ya se sabe, como todas las marionetas envejecieron. Volvieron a Venecia, sucios y maltrechos. Allí en su ciudad una fría noche de invierno su amo los uso para calentar su cuerpo. Y así acabo la historia de Letizia, la más hermosa de todas las muchachas de Venecia, a pesar de ser de madera y de Stefano Staglia que se enamoro de ella, hasta el punto de hacerse marioneta.



