Bienvenidos sean los visitantes a los parajes lejanos de mi imaginación, sentiros bien recibidos tanto a comenta como a visitar y leer todos y cada una de las historias. O siemplemente pasar para decir hola o pasar por pasar. Y si podeis pasaros por EL ALMACEN DE TAP-S, una pequeña ayuda para que esta escritora se gane la vida. GRACIAS

21 oct. 2010

Dava: noche, Luna, cuchara

Vuelven los relatos de tres palabras!! Bieeeen!! xD la verdad no se si realmente vuelven o ni siquiera si yo misma vuelvo solo sé que he escrito dos nuevos :P Un besoo

Palabras: Noche, Luna, Cuchara
Condiciones: todo transcurre por la noche, no puede haber referencias a momentos anteriores

Camino descalza, corriendo por el jardín de la que a sido mi prisión toda mi vida. Necesito escapar de aquí cuanto antes, pues no soporto más la opresión impuesta por mi Señor. La luna roja brilla en el cielo, iluminándolo todo un resplandor sangriento. Llevo conmigo mis pertenencias más preciadas y estrictamente necesarias. Al cuello colgada llevo la cuchara de plata, último legado de mi madre. Decido huir por el bosque pues es el camino más rápido para llegar al pueblo. Pero cometo un grave error pues paso cerca del jardín de los perros, que captan mi olor y comienzan a ladrar. Luces se encienden en el viejo caserón, mientras suena la voz de alarma. Cuando alcanzo el lindero del bosque mis pies casi no pisan el suelo de lo rápido que corro. Oigo los ladridos de los canes tras de mí y siento que mi pecho va a estallar mientras mis pulmones duelen por la falta de aire. Continuo esquivando árboles, a tientas, sin rumbo. Tropiezo con una raíz y caigo estrepitosamente al suelo y ya no soy capaz de levantarme. Las fieras pronto me alcanzan y me rodean, enseñando sus dientes y gruñendo sin cesar. De entre los árboles surge la figura de mi amo, con un rifle entre las manos. Me mira con desprecio y no puedo evitar que lágrimas se derramen por mis mejillas. Apunta y dispara a mi hombro derecho, provocándome un dolor insoportable haciendo que un grito de dolor escape de mis labios. Tapo con las manos la herida sangrante y le miro suplicante.
-¡Padre! ¡Por favor!- le llamo rogando.
Él se da la vuelta y se aleja mientras susurra:
- Yo no tengo ninguna hija…
Me deja allí tirada en el suelo, rodeada por los feroces perros que comienzan a morder mi carne con sus afilados dientes, pero ya no siento nada, pues estoy llegando a la inconsciencia. Me desangro y dejo que coman mi carne maltrecha, mientras miro la luna brillante, que parece sonreír maléficamente mientras muero.